Origen
y fin del Movimiento
El apóstol San Pablo compara la vida y la lucha del cristiano en
estos términos: “No saben
que en las carreras del estadio (palestra) todos corren mas uno solo
recibe el premio.?
¡ Corran
de manera que lo consigan.!
(1
Cor 9, 24)
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El Movimiento Católico Palestra ha surgido como una respuesta cristiana
a la Juventud de Latinoamérica. Tuvo su origen en Caracas, Venezuela el
13 de Mayo de 1961; y se
organiza definitivamente en el año 1963. En sus comienzos su fin era
organizar jornadas de formación cristiana para jóvenes dirigentes de
grupos juveniles.
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El 1968 se realizó el Primer Congreso Internacional de Palestra en
Bogotá, Colombia, el cual estructuró nuestro Movimiento. En este año
también culminó la Segunda Conferencia Episcopal Latinoamericana; la
cual al dar a luz nuevas líneas pastorales fue ciertamente decisiva
para el Movimiento. Fue fundado en la Argentina en el mismo año con la
realización de la primera Palestra (Período Motivador) Masculina en
Buenos Aires extendiéndose progresivamente a las provincias de Córdoba,
Catamarca, Tucumán, Santa Fe, Salta, Jujuy y Santiago del
Estero.
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Nuestros Obispos, hablando en Medellín con la esperanza puesta en la
juventud, recomiendan “la formación de Movimiento juveniles que
realicen toda clase de actividades, de acuerdo con sus propios intereses
y con una suficiente, gradual y cada vez mayor dirección de los propios
jóvenes.” (MEDELLÍN, Educación 15) Además estiman que debe darse
oportunidad a los que tengan cualidades humanas para formarse como líderes.
(Cfr. Medellín, Juventud 17)
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En un mundo en constante cambio y evolución no es tarea fácil
descubrir nuestro modo de inserción y compromiso; por eso creemos que
la fuerza transformadora del Espíritu es capaz de orientar nuestra búsqueda
y hacernos descubrir en los signos de los tiempos y en el llamado de la
Iglesia nuestro verdadero compromiso de cristianos en la realidad
Argentina y Latinoamericana.
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El Concilio Vaticano II y los Documentos Finales de Medellín iluminan
nuestro caminar: “No basta por
cierto reflexionar, lograr mayor clarividencia y hablar,
es menester obrar. No ha dejado de ser ésta la hora de la palabra, pero
se ha tornado con dramática urgencia la hora de la acción; es el
momento de inventar con imaginación creadora la acción que corresponda
realizar, que habrá de ser llevada a término con la audacia del Espíritu
y el equilibrio de Dios.” (Medellín, Introducción a las
Conclusiones, 3)
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Como todos los cristianos estamos llamados a llevar bien alta la
antorcha de la Fe, siguiendo las palabras de San Pablo, cuya mística y
espiritualidad nos inspiran; intentando realizar lo que el Concilio dijo a los jóvenes: “Son
ustedes
los que recogiendo lo mejor del ejemplo y de las enseñanzas de sus
padres y de sus
maestros, van
a formar la sociedad del mañana; se
salvarán
o perecerán
con ella.”
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Palestra cree que no habrá nuevas y renovadas estructuras sin Hombres
Nuevos. Por eso ser Palestrista es ser Hombre Nuevo en Cristo. De esta
manera el Palestrista, en comunión con sus hermanos, asume este
compromiso activo en orden a esta transformación.
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Sintetizando, la finalidad del Movimiento Católico Palestra, es la de
formar jóvenes para que se conviertan en primeros e inmediatos apóstoles
de la juventud, teniendo en cuenta el medio social en que viven.,
procurando saturar de espíritu evangélico el orden temporal. Jóvenes
que “madurando la conciencia de la propia personalidad, impulsados por el
ardor de vida, y por un dinamismo desbordante, asumen la propia
responsabilidad y deseen tomar parte de la vida social y cultural. “
(Vaticano II. Apostolado de los Seglares 12)
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El compromiso de cada joven, grupo o comunidad Palestrista, surge de
aquella definición que San Pablo da de su apostolado: “Lucha por el Evangelio.” Lucha que implica realizar un
apostolado solidario con los demás, para llevar a muchos el mensaje de
salvación. (Cfr. Fil. 4, 3.)
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Palestra como Movimiento de Iglesia participa en su misión de “propagar el Reino de Cristo en toda la tierra para gloria de Dios Padre,
y hacer así a todos los hombres partícipes de la redención
salvadora.” (Vaticano
II, Apostolado de los Seglares 2.)
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